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viernes, 7 de octubre de 2016

NO ME VOY A RENDIR

No me voy a rendir.  Voy a continuar. Sé que es difícil. Pero nadie dijo que iba a ser fácil.


Detrás de ese escritorio. Del escritorio de Barthez, me había prometido, que iba a salir de allí victorioso. Nada de megalomanías ridículas, ni frases hechas de paulo Coello o algún otro aventurero de los intensivos de autoayuda. No era fácil y nunca lo fue. Las cosas están difíciles. Hacer empresa en este país es parir problemas.  Un lugar donde los impuestos son los más altos de la región. Donde las principales empresas del estado se niegan a ser eficientes o a combatir la corrupción. Donde las empresas privadas se contagian de esas negligencias. Cada día vemos como muere gente por ineptitud de los que deben crear políticas de estado para mejorar el buen vivir de todos.

No era fácil. Nunca lo fue.


Vivimos en una sociedad donde la mediocridad está socialmente aceptada. La búsqueda de que mejoren las cosas. La autorrealización está mal vista. Ser propositivo. Generar empresas es la cúspide de toda persona que quiere crecer. Luego encontrarse con las trabas de la formalidad, dan ganas de pasarse a las filas de los asalariados de un sueldo pobre y triste. Y es que los hombres que manejan las finanzas de las empresas entienden que vivimos en una ciudad cara por culpa de que la gente se fue a vivir muy lejos. Muchos vienen al centro a sus fuentes laborales. Los sueldos no alcanzan. Las frustraciones aumentan. Adónde vamos a parar.

Cuánto quiere ganar o cuánto quiere perder.

Esa es la cuestión. Vamos a pedirles a todos que se maten trabajando hasta 12 horas de lunes a sábado, para obtener un sueldo de mierda. Es tan pobre que las leyes que lo sustentan están apoyadas en conceptos retrógrados y sacados de una especie de caja ficticia del pasado siglo antepasado. No quiero caer en las exageraciones pero, no cuesta nada entender que una persona tiene que gastar por día más de 20 dólares. Entonces ahí te sientas a escuchar a los organismos internacionales decir que la gran parte de los habitantes de este país, han salido de la extrema pobreza. 20 dólares por día son 600 al mes. Un trabajador promedio gana 300. Como es posible que tengamos ofertas de préstamos a tasas exageradamente altas. Irrisorias. Tasas del 23 % anual. Dejémonos de huevadas. En este país se aprovecha de la gente. Que lo único que sabe hacer es trabajar. Miles y miles de bolivianos suben a micros, buses, taxis, caminan, van en bici, a pie, en lo que sea, a un trabajo que los humilla. Luego, con el miedo de fracasar, se endeudan a una banca pyme. Se esfuerzan el doble. Solo para pagar la cuota del banco y lo que sobre en comida. Y si alcanza para algo más, en fiesta.




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