sábado, 5 de marzo de 2011

LAS HUELLAS DEL TIEMPO





Cuando pasa el tiempo uno se da cuenta de que ha dejado en el camino. Principalmente son huellas. También el tiempo deja huellas en el cuerpo, en el entorno, en la coraza interna de cada persona. Hace 3 meses el edificio málaga lo seguían construyendo, la inflación se podía controlar con el Jesús en la boca por culpa de la crisis alimentaria, Oriente Petrolero se lo veía campeón y lo que muchos temían se cumplió, el gasolinazo. En resumen de cuentas mal hechas, las huellas que quedaron marcadas en cada uno de estos 3 meses que pasaron fueron bien profundas.


La caída de un edificio en construcción lacera muchas capas de nuestra ciudad, una de ellas es la confianza. A que autoridad le podemos creer o reclamar certeza cuando vemos lo que pasó en el centro de la ciudad. Muchos acusan al mal cálculo de un individuo y a la agresividad de los inversores que tratan de ahorrarse unos pesos por hacer rendir sus millones. Pero al final de cuentas, lo que cayó ese día a las 10 de la noche fue la credibilidad en un burocrático municipio que da a entender que no puede o por último que hace poco o nada por supervisar o fiscalizar lo que pasa en la ciudad. Todo el mundo puede hacer lo que le da la gana. Según entendidos en el sector de la construcción, existen muchos "málagas" construyéndose en las zonas comerciales de la ciudad. La burbuja económica a punto de explotar no sólo traerá desfases en la economía sino bombas de tiempo o edificios a punto de desplomarse.

La inflación mundial por culpa de la crisis alimentaria provocada por los desastres naturales en todo el mundo,principalmente en los países productores de granos, está calando duro en los países de inestabilidad política y económica constante como Bolivia. Lo dijo el Presidente del Banco Mundial en el foro económico que esto puede provocar que caigan algunos gobiernos. Sin embargo esta realidad absoluta que afecta hasta a los países económicamente más poderosos, es utilizada en Bolivia para enfrentar al sector del empresariado privado con el objetivo de cumplir el plan maestro de hacer el Estado más fuerte controlando también la producción alimentaria o simplemente convirtiéndose en el proveedor principal: del Keynesianismo que hemos vivido las dos décadas anteriores al socialismo revolucionario del siglo xxi. El paro del autotransporte, La COB exigiendo una canasta familiar basada en 8300 Bolivianos, los maestros y el sector salud apretando como siempre al gobierno, han creado un clima de conflictos continuos, esto sin contar los desastres naturales ocurridos en La Paz y en el Beni con las inundaciones.

Otra huella en el tiempo y en el cuerpo es el cambio laboral o el estatus quo, la definición por defecto del ser asalariado y del pensar proletariado inculcado desde el maestro del colegio fiscal hasta pasando por la propaganda en tiempos de elecciones sobre el animal político. Bien me acuerdo a mi padre esperando a que lleguen los clientes a su taller para realizarle los trabajos a medida y con tiempo, sin embargo nunca llegaron y su negocio quedó trunco; algo le afecto haber trabajado desde sus 17 años como asalariado en la industria fabril. Cuando quiso hacer empresa ya era demasiado tarde, los conflictos de su mente gobernada por la estructura burocrática y centralista ya no daban campo a una nueva donde la apertura de una mente empresaria y enredada en relaciones de amistad y negocios no cabían.


Las huellas son esenciales para saber el camino de vuelta o por lo menos para darse cuenta del tramo avanzado. En un país como Bolivia, en una sociedad con el carácter conservador y en los tiempos que vivimos con tanta tecnología de por medio no queda más que tratar de que esas huellas no duelan mucho o al final de cuenta aprender de ellas.