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jueves, 16 de abril de 2015

Bajan las proyecciones de crecimiento en Bolivia según el FMI

Este no es precisamente un blog sobre economía, no es un lugar donde se fabriquen números, ni mucho menos se adivine el futuro. Es solo eso, un blog sobre interés general-(mente) mío. No implica un deseo fatídico de que las cosas vayan  mal: a una comunidad, a un grupo, a un sector. Solo es una interpretación de una realidad vista, con una ceguera como la que describía José Saramago en uno de sus libros – ensayo sobre la ceguera- irracional o como dice Julieta Venegas en una de sus canciones “será que hay algo más que a simple vista no se ve”. Tiene algo de filosofía,  algo de meteorología mediática, de tendencias y factores que crean variables inconclusas. Porque es difícil ser gurú – como algunos se catalogan, o lo catalogan – una verborragia desmedida de ideas deslucidas o brillantez  que pueden ser ciertas o erradas.

El Fondo Monetario Internacional en sus proyecciones ha calculado que Bolivia crecerá  el año 2015 un 4,3 %, lo cual provocará que los asalariados no logren obtener el tan esperado doble aguinaldo, polémica medida para que la riqueza sea distribuida de manera equitativa. Los economistas entienden mejor de esto, sobre políticas económicas, que analistas políticos denominan como clientelismo. Tampoco es una primicia- como lo suelen determinar algunos jefes de prensa - una proyección que puede cambiar en el tiempo, debido a que la oferta y la demanda, juegan un papel ineludible, inexorable. Las ganas del mercado de joder toda previsión está en manos de los consumidores, sean simples y compulsivos ciudadanos compradores o países con Bancos de los Estados más ricos  que determinan por donde fluye el dinero.

La alta inflación en Venezuela, la devaluación  en Brasil y Argentina, el precio del barril del petróleo que baja y sube en el contexto internacional; por otro lado, el cupo de exportación, la baja competitividad de los productos bolivianos por un tipo de cambio reptante que no se mueve para salvar a la producción nacional, la falta de seguridad jurídica, un empresariado temeroso de invertir en negocios o industrias con reglas inciertas, la corrupción, en el contexto interno, ejercen presión sobre una economía mundial que afecta a lo local.

Todo esto dibuja escenarios que pasa de mansas aguas a feroces tormentas. De un tsunami de información negativa a dejarnos en una isla donde todo pareciera que está bien. Lo aprendido en el camino, es que cuando nos inundamos en riqueza o nos llega la sequía, lo único que salva al ciudadano común y corriente, al más pobre o al menos favorecido, son las instituciones, esas que son inclusivas: las que permiten que aunque llegue un terremoto, tengamos la certeza de que no se van a derrumbar y esa es la prueba que asumimos tienen que soportar los cimientos de una supuesta nueva economía o el derrumbe de una torre edificada sobre arena movediza.





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