lunes, 26 de diciembre de 2022
BOLIVIANOS EN EL EXILIO
viernes, 13 de agosto de 2021
BOLIVIA, UN ESTADO DEMENTE
Mucha gente se duerme escuchando música. Y entre sueños, sabe que la música deja de sonar cuando el algoritmo sabe que ya estás durmiendo. Esa es una verdad dreamica. por decir algo, igual, vos no te enteras. Es algo así como cuando estás viviendo y la vida ya sabe que estás autónomo, dirigiéndote por la vida de manera automática.
Parece que pensamos, no pensamos, actuamos, somo seres de acción por reacción. Nuestros procesos son generados por impulsos que conllevan una automatización. Yo te amo, yo te odio. a veces son impulsos manejados por otros para generar esa automatización de los sentimientos. Somos una máquina, que bombea sangre al corazón por la vena cava. Calibrada para ser artífice de que nuestro rostro tenga una especie de salpullido completo, primero color rosado, luego color rojo en la cara. Se me cae la cara de vergüenza. Casi de manera automática, las actividades que corresponden a nuestra sociabilidad entre seres pares e interpares, nos hace creer que tomamos decisiones.
Pero no, somos lo que somos gracias a una des-encadenación de impulsos creados en una narrativa desorientada en todos los sentidos, que hace creer que estamos actuando con voluntad propia. Estamos regidos por una fuerza mayor que nos equilibra y nos crea el caos permanente sin ni siquiera el más mínimo esfuerzo de nuestra voluntad. Nos encendemos y nos apagamos en un discreto on-off.
Los gobiernos son así, los Estados son peor. Territorio y poder, la lógica no tiene lógica, no se comprende como puede ser que el Estado está sobre una superficie que se llama Tierra, y que el poder sea ejercido de manera absoluta fuera de ella. En el hemisferio izquierdo de un grupo de personas que sienten los pies suspendido por encima del Estado. Caminan sobre las cabezas de los demás y nacen a partir del poder dado y ejercido y mueren agónicamente después de que el poder cae sobre el territorio implosionado de una sociedad socavada. Nos movemos y creemos que cuando estamos durmiendo el mundo se para. Rotación, traslación, seguimos dando vueltas cada día, cada segundo, en un universo de posibilidades determinísticas, hasta que un otro asteroide se cruce en nuestro camino y sean fósiles negros extraídos del centro del planeta como energía pura y no renovable para mover camiones galácticos. Vamos a ser el jef fuel de las naves que van a Marte o Júpiter, o a otra galaxia. Los agujeros negros explican mejor nuestra posición desencarnada de que no aparecemos en la lista de los seres que podemos decidir nuestro futuro sabiendo que somos lo que somos, gracias a la inercia inconmensurable del establecimiento de una fuerza que nos lleva y nos trae de manera tal que nunca paramos aunque creamos que estamos parando.
Es un simbolismo, que de eso vive la eterna intuición. Creer que ya estamos yendo cuando en realidad hemos vuelto. Se nos acaba el tiempo cuando el tiempo es infinito. El tiempo nunca se nos puede agotar. El sueño dormido con la música sonando hasta que nos dormimos, en qué rato deja de sonar cuando nos dormimos. Exijamos a nuestra conciencia dejar de estar consciente en etapas cuando pasamos a un segundo plano ficticio y no verificable.
Hay surcos en nuestro cerebro que de pronto se vuelven demencia vascular. Pequeños colapsos eléctricos en la masa cerebral que son detonantes de explosiones, infartos cerebrales que desnudan una falencia íntima zodiacal que elimina todo estado de conciencia. Al Estado le debe pasar lo mismo, con su población, territorio y poder. No entiende cuándo está a punto de colapsar y por qué. O si ya colapsó y está en un estado de demencia. Un Estado demente, gobernado supuestamente por la población, que también se encuentra en un momento de inconciencia hasta que despierta de su letargo y se da cuenta que la música ya no está sonando. Vivimos con un Estado muerto, al lado nuestro agonizó y no nos dimos cuenta. Algo huele mal, pero con el correr de los tiempos ya no percibimos los olores desagradables porque se esconden en la inconciencia. Estamos deambulando en territorios donde ni el poder de la población es tal, ejercida por unos cuantos que también creen que la utilización de estados de conciencia de la población son manejados por sus mentes brillantes.
Todo está en un perfecto equilibrio caótico.
miércoles, 16 de junio de 2021
Dardo Mendizábal Hoyos
Los últimos 10 años de su vida vivió preso de su enfermedad. No parecía, pero estaba confinado a una especie de cárcel hospitalaria. De los 72 a los 82.
Dardo Mendizábal había negociado con la vida que lo deje estar con su esposa el mayor tiempo posible. Un deseo que se le cumplió hasta el último minuto que se le concedió despedirse con la mirada mientras lo llevaban a emergencia del Hospital Obrero.
Entró a la sala de urgencias y luego a un espacio que se llama Trauma Shock, con una infección en la espalda por una escara profunda. Más de 10 meses postrado en la cama, le quitaron poco a poco el aliento hasta para hablar. No le gustaba verse así y cada vez que volvía del hospital, se sumergía en la tranquilidad que le daba estar con su esposa, mi madre.
Papá tenía la fortaleza de un oso. Le compusieron el corazón, le arrancaron la próstata, le vaciaron el baso, le dieron dientes nuevos, una que otra operación por hernia y otros males que le fueron dejando la vejez cortada en episodios largos encerrado en una pieza del hospital de la CNS.
Una vez lo escuché decir por teléfono a mi madre, un piropo en el dolor. Cuando le preguntaba si le dolía, él respondía, "solo tu ausencia". ¿Te duele algo? preguntaba ingenua Mamá.
Es difícil resumir la vida de alguien cuando ha formado parte de toda tu vida, pero no la de él. Hay algo que no voy a entender nunca: sus silencios largos, luego su charla corta. Supongo que tenía mucho para decir, o quería expresar más de lo que callaba. Era un boomer, un hombre nacido en un siglo de guerras y revoluciones. 1938.
Murió a las 3:45 am de un martes 23 de febrero en la sala trauma shock del hospital obrero 400 camas de la CNS. No murió de Covid-19, murió de cansancio, de esperar el turno de ir donde él sabía: Mamá cuenta que le decía: yo sé dónde voy a ir. No entiendo todavía esas clarividencias, visiones de un hombre que trabajó, amó y sembró vientos de tranquilidad en sus 7 hijos.
martes, 25 de mayo de 2021
60 AÑOS DE MATRIMONIO NO SE PUEDEN OLVIDAR
60 AÑOS DE MATRIMONIO NO SE PUEDEN OLVIDAR
Hoy descubrí que podía seguir cantando sin necesidad de tocar la guitarra. Que el tiempo pasa y no tiene sentido tratar de detenerlo. Atrapar los recuerdos en una foto o en varias es un pasatiempo estéril. Que por más que abrace a mis hijos mil veces se me escapan poco a poco. Que mi madre ya no me recuerda porque está perdida en un limbo depresivo y arrinconada por las enfermedades.
Descubrí que el cinismo se convierte en un aliado perfecto, para disimular que todo está bien. Que mi rostro ha cambiado mil veces los últimos 1000 segundos. Hoy, escuché la voz de mi hermano, gritando en un audio de voz, pasando por WhatsApp. A 20 kilómetros de distancia pedía ayuda, como si estuviéramos en el cuarto contiguo.
Comprendí que por más que aceleré a 180 km/hora no iba a llegar a tiempo. Que la resignación sabe a tranquilidad, que el miedo sabe a salado cuando las lágrimas recorren la mejilla hasta los labios. Que ya no hay tiempo que perder, porque el tiempo nos alcanzó a todos.
Dios es empleado en un mostrador, da para recibir.
Quien me dará un crédito mi señor, sólo sé sonreír.
Escuchaba a Sui Generis mientras conducía hacia el hospital. Recordaba cuando Mamá me enseñaba la hora con el reloj de pared colgado en la cocina. Tenía menos de 10 años y me hablaba de manera cariñosa, como solo las madres saben hacerlo. Y yo volvía a preguntar, diciéndole “no vej mami” reafirmando que era el mediodía. Mientras conducía, los minutos en el semáforo eran cada vez más largos, eternos. No quería que cambien, estaba apurado, pero no quería llegar a la sala de emergencia y ver a mi madre tendida en una camilla, con las enfermeras tomándole el pulso y un doctor cansado anotando los signos vitales.
Los últimos 14 días han sido terribles para ella. Se despertó tres meses después de que murió papá y recién aceptó que se había ido para siempre, que nunca más volvería, que no salió nunca de la sala de trauma shock, cuando entró por última vez vivo. Ese día, siete después de su cumpleaños que no cumplió, miró su foto y comenzó a perderse en su mente, a mirarnos y no vernos, a contestarnos las preguntas con respuestas mudas, a sentirse cada vez más lejos, a creer que a nadie le importa lo que ella siente.
Es difícil pedirle a una persona que ha vivido 60 años de matrimonio que olvide rápido al amor de su vida, al padre de sus hijos, que no piense más en él, que abrace a sus nietos, que mire las fotos sin llorar, que siga viviendo sin vida. “Es difícil Mamá”, le dice mi hermana, mientras la sostiene en sus brazos como si fuera una niña que ha criado y que no quiere que sufra porque tiene partido el corazón. Es difícil, pero tiene que decirnos cómo se siente, qué le hace mal, todos nos acordamos de él, pero… la voz se quiebra, pidiendo algo que ni ella puede superar.
“he muerto muchas veces, acribillado en la ciudad” reza la canción en la radio, canta Charly García. Yo sigo manejando, llorando como se me hizo costumbre, desde que acepté que ya no hay vuelta atrás.
“llenas tus valijas de amor y te vas”, papá se llevó las esperanzas de mamá de continuar sin él en la vida. Quiere seguir hasta donde esté él. Hasta donde el amor le alcance.
lunes, 24 de mayo de 2021
LA DEPRESIÓN EN TIEMPOS DE CUARENTENA
El personaje de
este cuento no tiene final. No vive en un lugar determinado. Anda sonriente por
los sueños de los demás. Deambula por los cuartos oscuros de la irrealidad. Es
un ser insatisfecho. Cada día logra prorrogarse un poco más en la mente del
occiso mental.
Ese personaje se
llama la depre...Si, la depresión. Es una especie de carga invisible, que se
trepa en la cabeza y gobierna desde adentro, con artilugios tan sencillos como
decir: no vas a poder salir. Es una voz, es una manía, es una torpeza, es un
silencio. Las personas que conviven con la depresión no saben que viven con
ella. Es engañosa, frágil y fuerte a la vez, porque cada vez que te llega la
alegría, se angustia y comienza a meterte ideas en el hipotálamo, ahí donde no
llega la comprensión y la razón se inquieta, pero no puede hacer nada, porque
la depre, la depresión anda menoscabando su integridad. Ya no se puede razonar
sin pensar que no vale la pena.
Hubo un tiempo
que la depre, la depresión se vestía de simpatía, y sonreía mostrando los
dientes, y tú los mostrabas también, que cuando gritabas sentías que te
quedabas sorda, para que se calle ella de una vez. La depresión tiene como
único objetivo atraparte y no dejarte ir.
Ese cuento nadie te lo contó, el de la primera vez que te sentiste
triste, porque todo el mundo te hablaba de la alegría, pero nadie se ocupaba de
ella, de la tristeza, de sentirse solo, o sola, o comprendido, o incomprendida.
La señora depresión no le gusta que pienses, le gusta verte llorar, para luego
correr y consolarte, y decirte que todo va a estar bien, si te mueves de un
lado a otro, si te encoges de hombros y metes la cabeza entre las rodillas, y
si lloras como un bebé, cada noche y día, no duermes y te desmayas y despiertas
a cada minuto.
La depresión te
vuelve invisible, ya no te ves ni al espejo, se te van las ganas de comer, de
vivir, de sentir. Es un fantasma que nunca muere, que está pendiente de tus
penas, es su alimento más sagrado, tu angustia, es su postre bendecido por la
irrealidad. Ya no tienes que llamarla, la depresión siempre está esperando a
que le abras la puerta, está a un minuto de tiempo de donde estas y nunca se
cansa. “La depre”, esa maldita forma que se encarna en tus estúpidas ideas, se
vuelve una persona, te borra del mapa, y deja su espectro arraigado en tu
cuerpo.
Yo no sé cómo se
siente, pero me han contado, y no hace falta que la viva en carne propia para
saber cómo es, porque tu piel se vuelve diáfana cuando ella habita en tu mente.
Se muestra en tu mirada perdida, se viste de pereza en tu cuerpo, atropella
toda actitud de voluntad, derrumba todas las columnas de tus creencias. Es tan
hábil, que entra sigilosamente en los momentos que la desazón se encuentra con
el destino. Ese destino que hizo que seas lo que eres. Transforma una vida
plena en un vacío profundo. Esa es la tristeza, y cada vez que llegue a tu
puerta, no la dejes entrar, y si entró, déjala salir, porque no quiere estar en
un lugar con vida, quiere estar en un lugar con muerte. Eso pasa cuando decides
no continuar con ella. Se amarra a tus piernas, no te deja caminar, tapa tus
ojos, llora contigo, entibia la cama para que te duermas, allí comenzará a
entrometerse con tus sueños, con tu destino, lo cambiará, hasta que ya no quede
rastro de lo que solías ser.
Papá siempre bailó con ella, como si ese momento fuera eterno. Esa eternidad se acabó cuando papá murió hace tres meses, ese baile se acabó, se terminó, y la realidad de su vida se había transformado en un momento oscuro. No se puede vivir así. No se puede continuar así. Aprovecha la desgracia un momento eterno de tristeza. Llama a su amiga la depresión y termina con todo lo que habían construido. Ellos, mientras bailaban, no sospechaban, que un momento después de 60 años, se iban a separar, un momento, a descansar, un momento, a esperar a que todo vuelva a ser como era antes.
A escala mundial, se calcula que casi 300 millones de
personas sufren depresión, lo que equivale a un 4,4% de la población mundial.
Más de 300 millones de personas en el mundo sufren
depresión, un trastorno que es la principal causa de discapacidad.
Se considera el principal motivo por el que las
personas se suicidan.
Cada año terminan con su vida cerca de 800.000
personas, siendo la segunda causa de muerte entre personas de 15 a 29 años.
La depresión es un trastorno mental frecuente, que se
caracteriza por la presencia de tristeza, pérdida de interés o placer,
sentimientos de culpa o falta de autoestima, trastornos del sueño o del
apetito, sensación de cansancio y falta de concentración.
viernes, 21 de mayo de 2021
VIAJANDO A ORINOCA EL MUSEO DE EVO
Son las 5 de la
mañana. Mi vuelo es a las 8 y media. Abro la heladera y no encuentro nada. Está
frio.
Oruro es una
ciudad fría. Lo sé porque lo he visto en las fotos. La gente sufre de frio. Yo
estoy por saberlo.
Me subo a un
avión. Camino muchos pasillos, escáner y aduana de paso, levanto los brazos,
saco todo lo que tengo en el bolsillo, nunca suelto la cámara.
Viajo con
Neneko, tiene como 10 años menos, pero un inmenso repertorio de chistes que no
sabe que los tiene. Los dos sabemos que vamos a hacer un viaje de placer, pero
al mismo tiempo de trabajo. Hace más de tres meses que nos encerraron.
Encerraron al mundo entero. Por una cuarentena que quiso castigar a un virus.
Dejarlo solo en las calles, pero no pudieron.
El vuelo sale a
las 8 y media. Llega en 1 hora hasta Oruro. Pero antes hace una parada en
Cochabamba, para cambiarnos de avión y así proseguir el destino hacia las
alturas. Estamos tranquilos. Respiramos profundo. No sabemos qué es lo que va a
pasar. Solo sabemos que tenemos que ir. Porque el encierro nos cansó.
Teníamos una
misión que cumplir, pero no era tan así. Nos pidieron que vamos a ver algo que
todo el mundo decía que era espectacular. Que nadie más lo había visto como
nosotros lo íbamos a mirar. Nos pidieron que busquemos elefantes.
Cuando llegamos
a Oruro, el clima cambió totalmente. La ciudad con el carnaval más emblemático
del mundo, después del de Rio de janeiro. La Diablada, el corso y la imagen de
una virgen de más de 40 metros de altura nos esperaba en el pasillo de
recepción en un mural.
Pasamos el pasillo
del recibidor de pasajeros y nos encontramos con las puertas abiertas a conocer
la ciudad. Salimos a buscar un taxi y nos encontramos con varios. En un
sargento de voces que pedían llevarnos, nos decidimos por el último de la fila,
reaccionaron los primeros, nos subimos al taxi mediante insultos y malas
palabras tiradas entre los choferes del mismo sindicato. Arrancó el vehículo,
con todas las normas de seguridad. Un alcohol en gel en la espalda del asiento
del pasajero delantero y una actitud dura en el rostro. Fuimos mirando el
paisaje. Diferente al verde en Santa Cruz, adornado con los cerros y al fondo
de la vista, la imagen de la virgen del socavón que lucía un color blanco
eclipse.
Nuestra misión
estaba marcada, teníamos que ir donde los buses o micros partían hasta el Museo
de Orinoca. Solo una pregunta bastó para saber cómo llegar. Y la respuesta fue
clara. Desde el mercadito Abaroa puede tomar un “surubí”
¿Un surubí? pregunté – si, me dijo, ahí le dicen a qué
hora sale. Me dijo el taxista después de hacer un
viaje de 15 minutos desde el aeropuerto. Bajamos, exploramos el ambiente, nada
del otro mundo me dije, los mismos rostros lo vemos en Santa Cruz, me dije.
Compré una tarjeta para cargar al celular y ni bien vimos un surubí, vehículo
de pasajeros más pequeño que un minibús, donde viajan cómodamente sentados unas
10 personas, empezamos a negociar el pasaje.
Algo parecía
funcionar bien, los tiempos, ya que preguntamos cuanto tiempo tarda en llegar
hasta Orinoca, y nos dijeron 3 horas. El cálculo estaba bien. Eran menos de las
10 y el viaje tenía que ser pronto. Negociamos con el chofer, arreglamos por un
precio conveniente, más para él que para nosotros y nos subimos al transporte
interprovincial. No se llenó porque pagamos por los asientos vacíos, que luego
el hombre en el camino se encargó de ir llenando rompiendo el trato
unilateralmente.
La ciudad, la
gente, las casas, con un color cetrino, con techos de zinc, aparecían como un
cuadro pintado por la misma naturaleza. A lo lejos el lago Uru - Uru se pintaba
seco.
En esta ciudad
viven cerca de doscientas mil personas, sino más. El comercio es incipiente. La
gente corre de un lado para el otro. Se mueven al ritmo del día, con un sol
tímido que arroja rayos fríos por el viento.
Media hora de
viaje, el asiento reclinable en la parte de en medio del surubí chillaba entre freno
y freno, entre peaje y mercadito que aparecía en el camino. Luego, al lado
derecho, solo desierto; lo mismo al lado izquierdo.
Cada vez más
adentro. El lago Poopó parecía que estaba por ahí. Seco tal vez. Una que otra
comunidad con canchitas de pasto sintético y una escuelita media destruida,
media construida. Varias banderas del MAS, varios grafitis vitoreando a Evo.
Mucha pobreza. El área rural de Oruro tiene una belleza diferente. Sus
horizontes están cargados de colores que levantan al sol y el salitre en una
especie de espejismo arrogante. Es la naturaleza que construye a un país, con
una carretera que une esos misticismos rodeado de nada, absolutamente nada.
Otra vez, una comunidad en medio del camino, una canchita de pasto sintético y
otra escuelita con los grafitis de Evo Cumple.
Fueron casi tres
horas de viaje, cuando de pronto una voz que salía de al frente gritaba, / ahí
está la casa del Evo- miramos, y no
encontramos nada, solo una chocita derruida entre un montón de campo árido y un
camino que conducía a otra comunidad. Estamos cerca de Abaroa, decía un joven
vestido de buzo futbolero y un cangurito, mientras hablaba con su madre por
celular. Estaba dando las coordenadas. En un asiento adelante del nuestro había
otra señora, que llevaba a un gallo metido en una caja y a un perrito blanco
con los dientes chuecos. Volvía de Cochabamba, pero solo de visita. Es triste por acá - nos decía. ¿Les gusta? Nos preguntaba.
Cuando llegamos,
nos recibieron un par de calles destruidas, llenas de polvo, se bajó la señora
con el gallo y el perrito de los dientes chuecos, y aprovechamos para estirar
las piernas. Las demás personas también ya habían bajado.
Luego nos
llevaron al Museo, a la vuelta de la esquina del lugar donde el pueblo comenzaba
y la carretera continuaba. Estaba cerrado, ya lo temíamos, no atendía a
turistas y no turistas desde que el
anterior gobierno había abandonado sus funciones, después de los 21 días de lucha
en las calles. Después de que todo un país decidió sacar a un dictador y poner
a una mujer.
Nadie nos atendió en el lugar, pero aprovechamos para mirar desde el cielo el lugar. Un pueblo de 600 habitantes, que no tiene agua potable, peor alcantarillado. Apenas logramos divisar una cancha más grande de pasto sintético al subirnos a un mirador que estaba en esa especie de plazuela que sirve de antesala del armatroste construido en medio de la nada en un pueblo que se llama Orinoca y que fue donde se crío el ex presidente boliviano.
Continúa…
jueves, 20 de mayo de 2021
EL TÍTULO ES LO DE MENOS: NOTICIAS DE UN DÍA ANTERIOR A ESTE
Ayer tomé 1 taza
de café, 2 tarros de red bull, medio litro de agua y manejé durante 45 minutos
por la ciudad de norte a sur, de este a oeste, para darme cuenta que todavía
nos falta mucho como sociedad.
Revisé mil veces
mi celular, me agregué a un nuevo grupo de noticias donde me pasaron dos malas
y una buena. La primera mala decía que se había muerto un compañero de trabajo,
la segunda que otra colega estaba al 50% de su capacidad respiratoria. La única
buena era un espejismo. Decía algo así como que ya llegaban las vacunas.
De todas
maneras, eso de ir por la ciudad derramando lágrimas mientras manejo se ha
vuelto muy recurrente. La gente ya no tiene lástima por ellas, ahora sale y
corre por las calles, sabrá Dios para que lo hacen. En números, hay más de 100
mil personas sin trabajo deambulando por estas aceras, buscando trabajo donde
no existe.
Los que están
saturados de trabajo son los médicos. Había seis reinfectados en sala de espera
luego de que hayan vuelto a sus terapias intensivas. Ya estaban vacunados y sin
embargo se volvieron a enfermar, hablo de los médicos. No tiene nada de normal
pensando que la gente que cree en las vacunas, lo hace para que tenga la
sensación de salvarse. Es la referencia: la primera vacuna te dio solo un 35%
de protección de inmunidad, con anticuerpos fabricados en un laboratorio. Eso
es mentira, tenía que haber sido 65; y ya la gente se siente decepcionada.
Eso debería
declararse como un mal endémico. La gente se decepciona por todo y por nada.
Sobre todo, por los políticos, por las grandes corporaciones que solo ven
números que se transforman en dinero, no ven personas haciendo filas. Ven
cifras con asteriscos o símbolos de monedas extranjeras. Habría que crear un “día
del Decepcionado”, para recordar que no debemos decepcionarnos de las cosas que
ya sabemos que pueden pasar y, deberíamos ser más auténticos, como los robots o
bots que manejan las redes sociales y las nuevas machine learning. Deberíamos
aprender de ellos o ellas, si es que tiene género, como la robot sophia, que
tiene una cara de pelotuda, pero que en un abrir y cerrar de ojos ya calculó
las mil maneras de cómo puedes morir en los próximos 10 años. Y nada de
sorprenderse que dentro de una de sus opciones sea la de ella “pensando” en
aniquilar a la humanidad; ¿razones? Se preguntará: por “pelotuda” se responderá.
En fin. Lo
cierto es que, dentro de las probabilidades de que nos sintamos decepcionados
por algo, está la de quedar inmunizado para siempre, y es algo que no va a
suceder, como que los teléfonos celulares duren para siempre. Es como los
cuerpos de los seres humanos. No duramos para siempre, por eso existen los ataúdes,
los sepelios, los cementerios. El cielo y el infierno. No somos en cuerpo carne
y hueso para siempre, y eso debemos saber reconocer, para no vivir atribulados
de que es lo que va a pasar. Ya sabemos que es lo que va a pasar. Supongo eso
es lo que dicen los políticos cuando son elegidos. Los únicos que no se
decepcionan son ellos, porque ellos saben que nos van a fallar. No hay político
que no entienda que su función en el curul es decepcionar. Porque están hechos
a la medida de un grupo de personas con intereses. Juran que los pone el
pueblo. Desde que existe la publicidad o propaganda política, gana el que más
gasta en cambiar la forma de pensar de la gente. El que invierte más en hacer
pensar a la gente que ellos son la mejor opción. Siempre ha sido así.
Entre otras
cosas, cabe destacar: ya tenemos Miss Universo, una mexicana metro noventa
salió elegida. Hamas sigue atacando a Israel o viceversa. Donald Trump se
prepara para volver. Evo sigue siendo un maleante vestido de político manejando
una tropa de hienas que se ríen cuando convulsionan al país. Murió Pablo
Calucho, periodista Somos Todos, que demostró mucho valor al enfrentarse a las
estructuras típicas de los medios periodísticos y, forjó una marca personal en
base a su gallardía y enamoró a un público que lo seguía y que lamenta su
muerte. Su corazón colapsó a las nueve de la mañana de ayer, su esposa Noelia
Echalar lo despidió con el corazón roto y muchos de nosotros que pudimos alguna
vez conversar con él, lamentamos su partida.
Hay otros datos que
están saliendo a la luz, como por ejemplo: la ciudad que están construyendo a
espaldas de Santa Cruz, esa que llaman la Nueva, cerca del aeropuerto, se
asoció con un grupo financiero que según los tuiteros, forman parte de un grupo
grande de políticos de blue, que están lavando sus penas en un conglomerado que
lo único que busca es hacer un paralelo de esta ciudad matando los bosques y
alimentando la esperanza de la gente pobre de este país, haciéndolos creer que
van a construir una ciudad inteligente.
Eso es todo por
hoy, me pasé de las 750 palabras prometidas por día, espero no se indigesten si
llegan a leer esto.
miércoles, 19 de mayo de 2021
LOS VIRUS LLEGAN DEL PLANETA MARTE - UN ARTÍCULO MUSKIANO
Ok.
El tiempo pasa y sinceramente no le veo más justificativo para no seguir
haciendo lo que venía haciendo en este blog. El tiempo pasa, el virus avanza.
La gente se cansa. ¿Qué le vamos a hacer?
No les quiero mentir, realmente no sé sobre qué escribir. Porque son
muchas cosas que pasan alrededor. Pero hoy día, lo más importante pasa a ser
irrelevante al minuto siguiente. Cuando me despierto, alucino que sigo
durmiendo y camino directo al cuarto de mis hijos para ver si están bien.
Siempre están bien, pero existe la posibilidad de que no…y eso me altera el
sueño permanentemente. Estoy tomando melatonina, para ejercer un sueño más
profundo sobre mis deseos de no querer dormir más.
Es angustiante ver a la gente como se angustia. Los casos de coronavirus
son como esas noticias que nunca acaban sobre violación o feminicidio, sobre asaltos
o accidentes de tránsito. Son como esas leyes que no entendemos, pero son tan
normalizadas que hace que las comentemos y las creamos como algo tan natural,
pero sin embargo sabemos que es un nefasto juego para endilgarnos deudas por solo usar el derecho propietario de caminar
sobre la tierra donde nacimos.
¿Vos sabías que las leyes están hechas con impuestos que pagamos? De
todas maneras, todos tienen miedo a la inteligencia artificial, pero esta
inteligencia humana creo que es más maquiavélica, sin ofender al dueño del
apellido italiano, pero crear cosas y leyes para forzar a otro ser humano que
haga lo que dice la letra muerta es ofender a la naturaleza de las cosas.
Todo queda registrado, cada vez más estamos en un estado súper vigilado,
y no solo lo digo por las estructuras estatales que es un muerto al que ocupan
su lugar: políticos nacidos de las canteras de las cárceles. Estamos expuestos
a la posibilidad de que algún extraño nos grabe y nos lleve en su camarita,
filmado o fotografiado sin saber que va a hacer con ese contenido en bits. Es
un poco peligroso, dependiendo en la mente de quien cae esos archivos. Pero el “sana,
sana” viene de tu propia mente, cuando decís que de todas maneras estamos todos
posando en los Facebook e Instagram a voluntad propia; pero luego me digo, no
es tan así, porque allí subimos fotos posadas, comunicamos algo, tratamos de
decir muchas cosas en clave, codificadas, con expresiones que son nuestras,
pero pensada para los demás. Son fotos y videos pensados para que los demás lo
vean. Porque estamos en la era de la edición. Todo lo editamos, hasta el ADN se
puede editar, el virus, la foto, el video. Ya no es un lujo de unos cuantos que
sabían manejar la técnica y tenían la tecnología. Hoy día todos podemos ser
editores de nuestras vidas y la de los demás. Por eso el miedo a tener una
permanente vigilancia de las cámaras, tanto de las que ponen los gobiernos
chicos y grandes, tanto por los lentes de los que andan pendiente de todo,
incluso de lo que no les incumbe.
En fin, la vida ha cambiado tanto desde que el virus llegó a nuestras
vidas. Iba a decir a nuestro planeta, pero eso ya me suena muy muskiano, pensar
que vino de otra galaxia o posiblemente del planeta Marte. No importa, lo que
realmente importa ya no importa hasta que viene otra noticia y la reemplaza. Es
un juego de “yo soy primero” y, qué pasó con la frase “los últimos serán los
primeros”, una frase desproporcionada y sin igual. Nadie en este mundo quiere
ser último, nunca más.
EL BIG DATA DE MI VIDA
El problema de escribir un artículo sobre datos es que necesitas tener
datos. Lo bueno es que los datos se generan permanentemente y si no hay alguien
que los evalúa o los pone en contexto, no sirven para nada.
La gran batalla por el big data. Las grandes cantidades de datos que se
almacenan permanentemente son para análisis de grandes corporaciones hoy
llamadas Google, Facebook o YouTube, para nombrar a las más conocidas. Pero,
nosotros, los ciudadanos de a pie, como les gusta llamar a algunos periodistas
de papel prensa, son también generadores de datos que tal vez no son analizados
por que se pierde en la cantidad de datos o llegan a no servir porque se
mimetizan entre los bultos de datos.
Por ejemplo, una persona común llega a comerse 2 panes por día que en
cien días son 200, tira 20 litros de agua en bañarse y si lo hace todos los
días son 7300 litros que se tira al cuerpo y que si tomase 2 litros de agua por
día son 730 que van adentro de su cuerpo. Eso no es nada si tomamos en cuenta
que un papel higiénico de 50 metros dure tan solo una semana. Eso quiere decir
que en 52 semanas que tiene un año se han ido al tacho de basura 2600 metros de
papel higiénico y que si tomamos en cuenta que todos los vecinos de este barrio
de 480 casas ocupan el mismo promedio de papel higiénico es nada más ni nada
menos que 1.248.000 metros de papel lanzado a la basura con pura mierda.
Es tan irrisorio el comentario sobre el papel higiénico, pero es tan
esencial como la cantidad de energía que gastamos cada mes. La factura nos
llega en promedio a 500 bolivianos en todo el año gastamos 6.000 sin contar las
facturas que pagamos por internet y tv cable que ya nadie mira y por el uso del
teléfono. Es también medio friki pagar casi el 50% de lo gastado en energía que
lo que gastamos en internet y otros servicios reemplazados por el internet.
Es importante aclarar, que el agua se paga en una cuarta parte menos que
la energía que gastamos y que por lo tanto resulta más eficiente bañarse que
darse una panzada mirando tv sin mirarla, ya que en realidad estamos agarrando
el celular que estuvo enchufado toda la noche mientras cargaba. Un power bank
que se lleva también nuestra energía. Y entre otras cosas, te diste cuenta que
los vehículos también se llevan una parte de nuestra cuentas y datos. Por cada
16 kilómetros se me van de mi vida 1 litro de gasolina que en realidad cuesta
3.74 bs, es decir que por cada 10 litros me ando 160 kilómetros que se traducen
en 20 minutos de ida y 20 minutos de vuelta en 32 kilómetros, es decir menos de
1 hora en un vehículo que me lleva y trae. El detalle en este tema de la
gasolina es que cuando compramos gasolina especial, no tiene nada de especial,
lo único especial es el precio de Bs.- 3.74 pero ocurre un problema que muchos
tratan de ignorar, ya que el octanaje de esa gasolina es tan bajo crea en los
vehículos una especie de resoplo en los motores al arrancar o tratar de dar
velocidad a la movilidad, cosa que no pasa cuando cargamos el carburante
denominado Etanol, opción recién incorporada hace un par de años, donde el
costo es más elevado, Bs 4.50 por litro pero que genera una mejor eficiencia en
el desenvolvimiento del motorizado sin crear esos resoplos de motor. El
octanaje es 91 pero cuando cargo 10 litros gasto 45 bs menos los 37.4 bs que
gasto con la especial hay una diferencia considerable de 277.4 bs por litro
consumido en el año. Saque sus cuentas querido y estimado lector.
Esos datos no son nada, hay otros miles que pasan desapercibidos como,
por ejemplo, cuantas horas al día pasamos frente a la pantalla del celular, la
computadora o la play. Sumemos, mi hijo mayor tiene un promedio de 5 horas
jugando a la play, el otro menor, tiene la tendencia de pasar 4 horas
consumiendo otro tipo de juegos en la pc, pero con intervalos de descanso entre
cada sesión, pero mi mujer tiene un elevado consumo de redes sociales de hasta
más de 8 horas. Yo, trágicamente paso frente a esta portátil un promedio de 4 a
6 horas, por el ejercicio diario del homeoffice.
En total, entre los cuatros, nos tiramos todo el día en las plataformas
digitales, prácticamente, todo el día de vigilia. El consumo prácticamente es
permanente, ya que las horas que permanecemos en la cama descansa nuestro
cerebro y los aparatitos.
Tomando en cuenta que la mayoría de la gente se levanta de la cama o no,
lo primero que hace es mirar el dispositivo celular, estamos hablando de que la
primera cosa que hacemos en el día es mirar nuestra actividad digital. El WhatsApp,
las notificaciones en Facebook o en las otras redes que buscan llamar la
atención de sus usuarios de manera demoniaca, como un mal pensamiento
recurrente.
Otros datos, cuantas veces vamos al supermercado o mercado a hacer
compras recurrentes: pan, leche, agua, bebidas alcohólicas o no. Es un campo
que todavía no lo tenemos bien consensuado ni monitoreado por el hecho de que
es un factor que lo realiza un miembro de la familia, pero cada vez son más
hombres que van a los súper o a los mercados, falta chequear este dato, no tan
importante para el grupo selecto de feministas hombres de mi grupo de amigos,
pero si para la ciencia empresarial sobre todo dedicado al rubro de los
supermercados. Eso sí, haya que reconocer, que el tiempo dando vueltas en los súper
o en los mercados se ha reducido a números menores, ya que, si son los maridos
o hombres los que hacen las compras actualmente, pasan menos tiempo escogiendo
productos que lo que hacen las mujeres, que, por antonomasia, tardan más. No tengo
pruebas científicas de aquello, pero si son pruebas empíricas, que al final de
cuentas es de lo que está hecha la ciencia.
domingo, 7 de febrero de 2021
LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL NOS VA A MATAR
LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL NOS VA A MATAR
(no se deje llevar por el título, es mentira)
Hace rato
ya no escribo este blog. Debe ser porque la gente ya no lee blogs, ni nada que
se le parezca. De hecho, la gente ya no sabe cómo se lee.
Lo primero
que hace es abrir el maldito Facebook que, aunque una de sus palabras
compuestas es book=libro, lo único que hace es “swippear” o sea, pasar la vista por cada foto que se le aparece, y
ni siquiera es eso, lo que buscan son memes, la manera más primitiva de leer,
mediante dibujitos que hacen un chiste sobre alguien o sobre algo.
Es
terrible que la gente no lea, en la era donde existe ya la inteligencia
artificial estamos dando por sentado que sabemos leer y sin embargo cada vez
leemos menos. Los robots leen cada segundo de vida binaria. Es algo que no
tiene discusión, en menos de una década la inteligencia artificial habrá
rebasado la inteligencia del ser humano para pasar al siguiente plano, el de la
inteligencia abstracta donde todavía el hombre no ha logrado colocar bandera.
Es algo que no se entiende a primera vista porque la inteligencia abstracta
solo la sostenemos como propia pero no la hemos analizado a profundidad;
mientras que la inteligencia artificial está dibujando un mapa de todo ese
mundo que no se ve.
Las
computadoras no rezan, diagraman un mundo inexacto definido por nosotros y
resuelven los problemas que hemos creado, pero además definen que problemas podemos
sostener y cuáles no. Hemos perdido la capacidad de romper nuestras propias
metas por entrar a un mundo donde todo lo que hemos hecho parece suficiente.
Tal es la definición de redes sociales, donde hemos quedado atrapados en una
maraña de conexiones que en vez de juntarnos nos separan. Estamos a mil años
luz de volver a concertar en un momento del tiempo para llegar a tener
similares convicciones. Hoy en día la manipulación a la que tanto tenía miedo la semana del odio - Ref.- libro 1984 de George Orwell - se hace
realidad.
Estamos
siendo manipulados por algoritmos que, en plena confianza de nuestras
ignorancias, nos preguntan que queremos hacer con nuestra vida, cómo la
queremos hacer, y en base a eso nos da lo que queremos consumir en una especie
de atragantamiento digital que hace que cada día llenemos nuestro búfer de mierda disfrazada de contenido
que supuestamente nos entretiene o beneficia. Más que en la era de la
información estamos en la era de la desinformación, donde dejamos que nuestros “Me gusta” y los #hastag formen parte de
nuestras búsquedas. En otras palabras, estamos buscando un lugar para perdernos.
Todo
tiene un embudo, para hacernos caer en un pozo del que después no vamos a poder
salir. El remedio para tanto desbocamiento está en la plena conciencia de que
es lo que queremos e ir a buscarlo y no dejar nada en automático. Sé que parece extraño dar este tipo de consejo,
pero es que nos han hecho creer que nos van a hacer la vida más fácil solo para
vendernos algo. No se dan cuenta que la publicidad tiene un fin maligno en el buen sentido de la palabra
que es el de controlar tus deseos de comprar algo y que ese algo es lo que
aparece en la publicidad. Y como ahora todos tienen un medio de comunicación
gratuito y pueden llegar a millones de personas, pues disponen del Clickbait para hacerte pisar el palito y caigas en una decisión
que tal vez te convenga o tal vez no.
Si, seguro estás pensando que todo lo que tú decides está dentro de lo que quieres y que si te equivocas es tú responsabilidad. Pero no es así. En la era de la manipulación informática tenemos derecho de no dejarnos manipular valga la redundancia del concepto. Estamos ante un punto donde converge lo inexacto con lo que se supone que es correcto, es decir, nos mienten con el único fin de que seamos parte de “el fin justifica los medios”; no somos un rebaño de ovejas que llevan a esquilar, menos un hato de vacas que camina directo al matadero.
Como
decía al principio, “hace rato no escribo
en este blog”, porque sé que no vas a leer esta parte, porque supuestamente
si no te atrapa en los primeros cinco segundos o en el título, o en la trama
del versículo 1, pues de nada sirve escribir las 750 palabras digestivas de
este post. De todas maneras, si lo has hecho, deberías escribir un comentario
por lo menos para saber si lo que piensas sobre este artículo desarticulado
está bien o mal, así formará parte de la inteligencia humana y no la artificial
quien decida que está bien y que está mal en este mundo digital.
sábado, 22 de junio de 2019
SOBRE LEER Y ESCRIBIR
viernes, 21 de junio de 2019
EL ANGLICISMO UNA GUERRA DECLARADA
Es una guerra contra el castellano, no contra el español como dicen algunos.
- Anglicismo: Palabra, expresión o giro procedentes de la lengua inglesa que se usan en otro idioma.
- Emoticon: Un emoticono o emoticón1 (del acrónimo inglés emoticon) es una secuencia de caracteres ASCII que, en un principio, representaba una cara humana y expresaba una emoción. Posteriormente, fueron creándose otros emoticonos con significados muy diversos. Los emoticonos que expresan alegría u otras emociones positivas se clasifican normalmente como smileys (de smile, «sonrisa» en inglés).
- Camba: personaje oriundo de las tierras orientales de Bolivia; más propiamente dicho del que vive en Santa Cruz de la Sierra.

















