Esta es la historia de un hombre que no puede salir de la calle Ballivian, está encerrado en sus 14 cuadras que la contienen. Camina de Este a Oeste, y no entiende por qué no puede salir de ellas.
No es
una fantasía, no es un drama, es una historia que no tiene sentido. Como puede
ser que un hombre se encuentre encerrado en una calle. ¿Por qué no puede
cambiar a la calle paralela? Esa es la pregunta que no tiene respuesta. “Todos
los días lo vemos pasar”; “Es un loco”, dicen algunos. La mayoría de las
tiendas de disfraces que están en el lugar lo ven caminar ida y vuelta. Muchos
le han preguntado por qué no se va a su casa. El misterio está en que ni él
sabe por qué le pasa lo que le pasa.
Trata
de huir todos los días. Corre de la Ballivian a la Oruro y aparece en la acera
de en frente, o sea, en la misma Ballivian. Corre del primer anillo al segundo
anillo, osa cruzar hacia la “Melchor Pinto”,
y aparece nuevamente en mitad de la calle de “la Ballivian”. Un día casi
lo atropellan, porque de pronto, zas! Apareció delante de un micro de la línea
36. El chofer del micro, hábil para tocar la bocina y no parar aunque haya una
abuelita en frente, atinó a frenar de golpe, provocando que todos sus pasajeros
que iban parados, cayeran a sus pies.
A las
seis de la mañana, se levanta, toma un café que le dan en la tienda de la
esquina. Siete en punto, camina apresurado imitando la prisa que tienen los
trabajadores de la Caja Nacional de Salud para entrar a su trabajo. Ocho y
diez, llama por teléfono por enésima vez a su casa, nadie le contesta, debe ser
porque él está encerrado en la Ballivian, piensa. Nueve de la mañana, ayuda a
abrir la tienda de disfraces de Marbella, una mujer mezcla de brasilera con
yungueña. Diez y cuarto, lee el periódico con el guardia que cuida la clínica nuclear Niño Jesús. Once y media,
se sube a un micro que lo lleva hasta la intersección de la Ballivian y la
calle La Paz, ahí desaparece y vuelve a aparecer en la parada de micros de “el
primer anillo”. Mediodía, almuerza en la federación de periodistas.
Nahuel,
ahora tiene 38 años, desde 1995 está atrapado, en la calle Ballivian, sin poder
salir, sin poder escapar.