“No puedo verte”, tema escrito por Fabio Zambrana para María Nazareth, cantante boliviana y Erick Elera, cantante peruano.
Fabio tiene la capacidad de comprimir sentimientos, emociones, música, palabras de éxito en canciones. Un hombre que con una “Bomba” logró sacudir su mundo. Con 21 años de carrera musical logró ser un signo de dedicación y buena oportunidad en el ámbito artístico boliviano y del mundo.
Esta vez, Fabio compuso una canción para una niña que soñaba con conocer a su cantante y actor favorito. Lo hizo pensando por ella; del otro lado, escribió la parte del cantante que no puede ver a sus fans, lo hizo pensando por él. María Nazareth es una niña que desde pequeña comenzó a cantar, su ceguera la hace una chica especial ya que no para de soñar mirando la vida con los ojos del alma. Dibuja su entorno con los sonidos que percibe, la música fue el mejor escenario para sentirse segura.
Este tipo de historia es la que uno espera que Dios le ponga en su camino, dice Fabio, es algo que no podía dejar pasar.
Gabriel Feldman, productor del cantante peruano - actor de la novela Al fondo hay sitio, le pidió a Fabio componerle una canción; luego María Nazareth tocó también las puertas de él; fue el momento donde pensó que se podía dar una combinación de dos voces que le podían dar vida a un hit.
En menos de una semana, el video colgado en Youtube llegó rápidamente al casi medio millón de
reproducciones.
lunes, 9 de septiembre de 2013
Messi tiene síndrome de Asperger según Romario
La última de las ultimas: Messi tiene el Síndrome de
Asperger, según Romario.
Romario, Romário da Souza Faria (Río de Janeiro, Brasil, 29 de enero de 1966) es
un exfutbolista brasileño,
conocido deportivamente como Romário Uno de los mejores jugadores de “futibol”
del mundo, ex jugador del Barcelona, hombre que parecía que llevaba amarrada la
pelota al pie, ha asegurado via
twitter que Messi, el mejor futbolista del mundo, tiene este síndrome.
Según asevera, esta enfermedad hace que el argentino tenga una concentración
casi absoluta y por eso su desempeño dentro del campo de juego
Wikipedia: El síndrome
de Asperger o trastorno de Asperger es un conjunto de problemas mentales
y conductuales que forma parte de los trastornos del espectro autista. Se
encuadra dentro de los trastornos
generalizados del desarrollo.
sábado, 31 de agosto de 2013
Oscar y la máquina secuenciadora de ADN
CRONICA
Oscar y la máquina secuenciadora de ADN
@750palabras
Oscar,
no quería abandonar su campo, sus vacas, sus torcazas y todo lo que le recordara
su niñez; pero su madre, que vivía pensando que hacer con su hijo menor, lo
mandó a estudiar a Argentina, según ella, algo que tenía que hacer con su vida.
Lo
subieron al tren, luego a una flota, lo dejaron en la frontera y ahí, mediante
una transacción en Yacuiba, lo introdujeron a un taxi que lo llevó hasta Buenos
Aires. Más tardó en llegar que en volverse, no quería saber de las
universidades y menos estudiar, algo raro pasaba en él. Extrañaba su vaca, su
ternero, la leche a las seis de la mañana.
Otra
vez, lo subieron al tren, lo metieron a la fuerza a la flota y lo enviaron en
avión al microcentro porteño, hospedado en un hotel de media estrella, comenzó
a estudiar: las plazas, las calles, los campos, la General Paz, Puerto Madero y
por fin, se quedó estancado en una universidad cerca del río de la plata.
Estudió
por más de cinco años, su madre nunca supo que, porque no le importaba. El, que
era de poco escribir, y con el resentimiento de hijo forzado a hacer lo que no
quería, tampoco le contó que no estudió ni derecho, ni arquitectura, ni
publicidad, ni nada de lo que su madre alguna vez soñó.
Al
volver a su rancho, allá en Tundi, pueblito de mala muerte, afueras de la
ciudad, y lejos de todo lo que tenga que ver con tecnología, desembarcó en la
frontera con Chile, una máquina que traía vía exprés desde Europa, Nadie sabía
lo que era, ni los de la Aduana, por eso no supieron cuánto pedirle como coima
para hacer pasar la máquina rara.
Oscar,
había preparado un cuarto especial para su herramienta de trabajo, para esa
máquina que nadie entendía que hacía. Su madre al verlo llegar con el camión de
mudanza trayendo un armastrote descomunal, donde más eran cajas y plastoformo
prendidos con cintas adhesivas con anuncios de frágil, no entendió de qué se
trataba.
Al
mes de llegada la carga, Oscar le pidió a su madre que le prestara a Rosita, la
vaca favorita de la familia, que estaba a punto de cumplir siete años. Ella no
entendía que podía hacer con una vaca que lo único que hacía era espantarse las
moscas con la cola, y deambular rumiando
todo el día.
A
los pocos meses, apareció una vaca, idéntica a rosita, y luego otra, y luego
otra, y así hasta completar un lote de diez vacas idénticas. Oscar satisfecho,
al ver que su trabajo daba frutos, comenzó a sacarle fotos para enviarla de
nuevo a la universidad de donde había salido. Su madre que vivía en su mundo
eterno de hacer pan, biscochos y patascas para vender los fines de semana en la
ciudad, no se había percatado de tal situación.
Doña
felicidad, -le dijo la vecina del siguiente canchón, -sus vacas gemelas, se
están comiendo los choclos de mi campo-, ella no entendía de que se trataba,
cuando salió a ver, a la mujer y su vaquero subido en un caballo lleno de
garrapatas, lo que denunciaba, no podía creer lo que veían sus ojos. Su vaca
rosita, estaba reproducida por diez, todas idénticas, llenas de manchas negras,
con la oreja cortada, y las patas chuecas.
No
le dijo nada a su hijo, porque pensó que era una venganza de él, por haberlo
mandado durante cinco años a un lugar
que no quería, y por hacerlo estudiar a la fuerza. Se quedó aterrorizada porque
no sabía que era lo que había estudiado su hijo en realidad. -Y si ha estudiado
magia negra, pensó-.
Unas
semanas después, cuando su madre se encontraba descansando en su mecedora, en
el patio, mientras terminaba de amanecer, vio como los pollitos que pasaban
corriendo tras los maíces que le tiraba al suelo, tenían algo raro, se acerca a
mirarlos de cerca, después de haberse puesto los lentes, y haberse agachado lo
suficiente como para enfocar bien, descubrió que todos los pollitos que seguían
a su mama gallina, tenían cada uno dos juegos de alas, parecía que estaban a
punto de volar con la súper potencia de un par de juegos de alitas extras.
Lanzó un grito al cielo y salió despavorida corriendo hacia la cabina
telefónica más cercana del lugar. En Tundi casi nunca pasaba nada que llame la
atención, los menonitas caminaban descalzo por los alrededores, como si
vivieran en el siglo veinte, los camiones todos eran de los años setenta, y los
teléfonos celulares eran algo que no quería usar por ser parte de una
modernidad que ella se resistía a entender.
Oscar,
no pudo evitar la risa sarcástica al ver a su madre, con la cara de terror, al
desconfiar de que su hijo se haya convertido en el famoso Dr. Frankenstein,
haciendo de los pollitos adefesios articulados con más de dos alitas. y no solo
eso, en su área de trabajo donde tenía la máquina rara que nadie sabía de qué
se trataba, había un ternero con dos cabezas, un perro que maullaba, un loro
que hablaba perfectamente el inglés, y muchos cerditos caminando en dos patas.
Oscar
no podía dejar de reír, cuando vio a su madre, que horrorizada agarraba sus
pilchas, y corría a la parada del colectivo para que la lleve a la ciudad. Nunca
se enteró que su hijo, había estudiado biología y farmacia y que en ese lapso,
un científico loco, lo llevó de su aprendiz en biotecnología.
Cuando
le preguntaron en la aduana, que era lo que hacía la máquina, él dijo
inocentemente: "es un secuenciador de ADN".
viernes, 30 de agosto de 2013
CRONICA DE CIUDAD Los micros parte del genoma citadino
CRONICA DE CIUDAD
Los micros, parte del genoma citadino
Los
micreros son los que mueven la ciudad, corren todo el día por sus arterias y
casi que se vuelven necesarios para la existencia de este organismo vivo, que
es la urbe cruceña.
Todos
los días miles de personas, se suben a uno de estos vehículos para trasladarse
a su trabajo.
Esta
es la historia de una de ellas, que vive en los micros de la ciudad como una
casa rodante, ya que el mundo se ve diferente desde allí. Comienza su recorrido
en la zona sur, desde donde agarra el micro que sale desde la refinería y se
lanza en un viaje tremendo hasta la zona norte, kilometro catorce casi quince,
es su manera de vivir, es su forma de recrear el mundo en un viaje sin parar.
Luego
de llegar a la parada final, toma otro micro que la dirige por otro tramo más
espeluznante aún, es una línea que acaba de crearse que solo entra a barrios
recién creados, llenos de pozos y movimientos tectónicos, con pasajeros que
suben en estado de ebriedad y casi siempre con el olor característicos de los
chivos. Suben y bajan, suben y bajan, llegan hasta su recorrido, dicen parada y
bajan a prisa para no ser arrastrados por la corriente de aire que deja el
transporte público.
Según
cuenta ella, que los peores micros, son los que entran a los mercados, casi
todos ellos entran a los más populosos centros de abastecimiento, donde, no
solo personas entran para ser transportados de un punto de la ciudad a otro,
sino, también sus animales: no faltan los perros, los gatos, los patos, los
loros, las chivas, los chanchitos, lechoncitos, todo tipo de animales
escondidos en bolsos de aguayo.
También
suben mercaderías: desde los tomates casi podridos, no vendidos en el centro,
comida para los chanchos en las casas, abarrotes, comidas, frituras y alimentos
perecederos que huelen quiabó, podridos por el paso del tiempo.
No
faltan los montacargas humanos, esos hombres que viven de arrastrar, cargar,
llevar como animales las mercaderías de los grandes gremialistas, que utilizan
a estos pobres hombres como bagayeros de contrabando, para que las autoridades
pertinentes no lo coloquen en el régimen general y paguen impuestos.
Prosigue
su viaje más allá de los olores, esta mujer que vive de escuchar las historias
de las personas que se sientan al lado de ella, atrás o adelante, dice que
estás son mejor que quedarse viendo la mejor de las novelas en la televisión o
la superproducción de una película gringa. Las historias que ha escuchado
sentada en los micros duran generalmente veinte minutos, la duración de un
viaje de dos personas que cuentan todo sin pudor mientras se trasladan de un
punto a otro en la ciudad. Dramas familiares, amores encontrados, amantes,
mujeres infieles, fulanitas que se acuestan con el fulanito, deudas impagas,
amores maltratados, hijos maleducados, todo.
En
ese ir y venir, se puede decir que Ofelia, que es como se llama esta científica
que estudia la vida cotidiana subida en un micro, ha logrado descifrar el
genoma del cruceño, ese hombre pobre que tiene que utilizar el transporte
público. Comenzando desde el chofer que es el pretérito perfecto de los hombres
de las cavernas, pasando por las amas de casa que visten de madres y cocineras
con los rulos en las cabezas pensando en voz alta, hasta los hijos de todos los
vecinos del pueblo y sus problemas personales, existenciales y menstruales. Todos
se encuentran en ese universo llamado micro: el transporte público de la
ciudad.
Desde
que tengo uso de razón, dice Ofelia siempre me gustó viajar en estos vehículos
que lleva a muchas personas de un lado a otro: la historia se remonta a mi
niñez cuando tenía que subirme al colectivo de la línea uno, un camión ñato que
había sido adaptado para ser vehículo que preste este servicio, era una especie
de cacharro bien alimentado, con las láminas de su chasis levantadas y una caja
de cambios que sonaba como si los fierros estuvieran torciéndose por dentro y
suplicando aceite y grasa para continuar.
Alguna
vez también existieron unos micrangos llamados ENTA, empresa nacional de
transporte, que era un experimento por demás de desubicado ya que su estructura
de gigante apenas podía entrar por las estrechas calles de la ciudad. Luego
vinieron los misiles, micritos donde todos los pasajeros entraban agachados,
apretados como sardinas, y traumatizados por las grandes velocidades imprimidas
para llegar a marcar la tarjeta.
Ofelia,
vive sentada en los micros como una pasajera eterna, que encontró la manera de
nunca estar quieta, en un solo lugar, con compañía de los choferes de micros,
ha encontrado una familia y una extensión de su aventura viajera, por el
ombligo del mundo.
jueves, 29 de agosto de 2013
CRONICA INTROSPECTIVA: El escritorio de Barthez
CRONICA INTROSPECTIVA
El escritorio de Barthez
@750palabras
El escritorio de Barthez
@750palabras
El
escritorio como medio de transición al subconsciente
Ese
rincón del mundo que se llama escritorio, donde colocamos cada uno de nuestras
necesidades cotidianas de ejecutivo, administrador, portador de transacciones, etcéteras
y etcéteras... es el lenguaje omnímodo de las cosas pendientes, hechas y mal
hechas. Es el recordatorio de las cosas que estamos haciendo y de las que
faltan por hacer.
En
lo apretado del plano subjetivo, Barthez, encuentra la foto de su hijo,
estampada en un trabajo escolar, donde dice “Te amo Papá”, es un ordenador de
lapiceras y cosas comunes, es el regalo por el día del padre, es la ilusión de
un niño de encontrar en un detalle pensado por la profesora.
Las
llaves del auto, de la puerta principal de la casa, de la casa en la que solía
vivir y ya no vive. Hay una cámara fotográfica y una de ficción. Billetera, la
funda del celular. Facturas pagadas, pañuelos, y una reportera marca Sony que
nunca ha utilizado. Marcadores y clips. Recibos de tipo de cambio del banco.
Una
taza de café, sorpresivamente dos perforadores, uno de color negro y otro de
color verde. Auriculares de estudio, más facturas, un “UHU stic” para colar los
papelitos de ayuda memoria en la pizarra acrílica. Y el teclado con su monitor
mirando pendiente lo que escribe. No dice nada, inmutado, sacrificado, le salen
ojos de pixeles y no dice nada.
El
resto se encuentra en orden, el polvo que se acumula todos los días, los
papeles del banco retirados con prisa para que nadie vea los números rojos.
El
trámite del escritorio es simbólico, es el lugar donde se encuentran la silla
giratoria con los cajones archiveros, es el cargo inmediato, es el rol del
administrador que no se quiere asumir como tal.
Los
administradores son tipos fríos, que no tienen sangre en la cara y que cuando
ven los números que no le cuadran, le genera dolor de cabeza e irritaciones
malhumorantes. Barthez es uno de ellos.
Es
el trabajo de un malabarista que juega con el destino tratando de torcerle el
brazo para que lo favorezca.
Lo
que falta en el escritorio de Barthez es el teléfono fijo, que por alguna
extraña razón nunca existió. Debe ser por la falta de capacidad de comunicarse dirán
algunos, tipo bueno pero atrasado en sus deberes de relaciones públicas.
Introvertido,
desanimado, desasosegado, es un arraigado al cargo, emergido de las aulas de
las universidades que petrifican el alma y el espíritu del ser humano. Cargado
de nebulosas, “estupidizado”, cargado de penas y llantos, esperando el final
del día para comenzar a vivir, entramado en unas vacaciones que no puede
acceder, mirando fotos de otros en playas lejanas, copernicano, casi bipolar, que no sabe aplicar la ley de Murphy, porque perdió el
buen humor; vive desesperado y casi agobiado, los trámites le han quitado dos
cuartos de respiración, anda acongojado, le duele la espalda, tiene gases y
orina cada hora y media.
Lo
peor de todo del administrador, es que no tiene secretaria, ha intentado tener
pero las faldas lo seducen y siempre cae en la tentación de olvidarse de que el
cargo solo es para las funciones de la empresa y no para conquistar amores
repentinos con mujeres que se sientan a escribir el dictado y rol de
llamadas. Convencido de que tal aspecto
no lo deja concentrarse prefiere tener charlas aleatorias con todo el personal
y salir a pagar cuentas y a cobrar cheques atrasados.
El
administrador tiene por ventaja su posición, que es como una contradicción
porque él piensa que es una obligación hacer lo que hace. Correr al banco a
pedir préstamos, salir a la calle a buscar clientes, agendar pagos de impuestos
y trámites ante el ministerio del trabajo. Sacar licencias de funcionamiento y
nuevos trámites de las administradoras de pensiones. Es un mundo enrevesado
para un solo hombre que solo quería hacer empresa. Pero que tiene la firme
convicción de no volver a pisar una empresa más como empleado.
El
administrador cuenta con la salvaguarda de que todo puede salir bien y
victorioso cuando pasen los días y lo encuentren solvente y bien parado. Pero
eso pasa por ser una película de ficción cuando se imagina que abrir un negocio
es tan difícil como cerrarlo.
Pero
hay un escritorio más que falta por explorar de Barthez, el de la pc, la
laptop, el ipad, el celular, y el de la agenda. El misterio de las personas que
hacen de su rutina un trámite de colas y calvarios, es destramado, allí, con
perfil casi exacto de su personalidad, es su escritorio.
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