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viernes, 2 de enero de 2015

Dios siempre estuvo a tu lado.

Tratando de escuchar mi voz, sentado en el auto, conduciendo hacia la casa, repetía  - Dios siempre estuvo a tu lado - era mi voz interna que reproducida en mis labios, como susurro delgado saliendo de mi boca. Dios siempre estuvo a tu lado- desde el día que te concibieron, desde el día que naciste.
Pasaba la rotonda del primer anillo, miraba la luz roja convertirse en verde y el bocinazo del micrero retumbaba en mi oído y lo único que escuchaba era -
Dios siempre estuvo a tu lado -
Cuando tu madre te bañaba,
Te cuidaba,
Cuando tenías seis años,
- Dios siempre estuvo a tu lado -
Cuando jugabas en la calle,
 Cuando te enfermabas,
Cuando te curaban,
 Cuando te enojabas y llorabas,
Dios siempre estuvo a tu lado.

Pasaba recto por la avenida principal, al mediodía, recorría las calles, frenaba, y mis labios seguían repitiendo, como reproductor de una voz interna que ya no era mía:

Dios siempre estuvo a tu lado:
Cuando estabas triste,
Cuando reías,
Cuando subías a los arboles,
Cuando caías,
Cuando te levantabas,
Cuando soñabas,
Cuando mirabas confundido,
Cuando llegabas al colegio,
Cuando salías,
 Dios siempre estuvo a tu lado,
Cuando te ilusionabas,
Y luego cuando te dabas cuenta que no era lo que esperabas,
Dios siempre estuvo a tu lado.
Cuando mamá se enfermó,
Cuando volvió a caminar,
 Cuando estabas  solo,
Cuando no podías más.
Cuando operaban a papá,
Dios siempre estuvo a tu lado.

 Y, la imagen repetida, de un hombre parado a mi lado, mientras esperaba en la fila de autos del caótico tráfico de mediodía, con las gafas puestas, con el sonido ronco del motor, parado en plena vía, no pensaba; sentía, me ensimismaba. No había otro sonido, solo el de la voz, repitiendo a cada instante, sin saber que era.

 Dios siempre estuvo a tu lado, me confirmaba y reconfirmaba, una voz idéntica a la mía, una duda me caía por la mejilla, una lágrima derramaba, un sentimiento de culpa, una acusación forzosa, Dios siempre estuvo a tu lado, no era mentira.

El siempre estuvo a tu lado.
El día de tu matrimonio,
Cuando nació tu primer hijo,
Y el segundo,
Dios siempre estuvo a tu lado.

Apenas podía contener el llanto, la gente pasaba a mi lado - unos en micro, otros a pie, ignorando, que - pensaba - Dios siempre estuvo a tu lado. Parecía una oración, como las muchas que sé hacer camino a casa, pero esta, otra vez fue diferente, no era yo el que rezaba, no era yo el que repetía uniforme el padre nuestro, no era yo que estaba convenciéndome de convencerme. Era Dios que estaba siempre a mi lado.

El temor se apoderó de mí, me calmé cuando pasé el segundo anillo, traté de recobrar mi voz que no era mía, traté de sentirme dueño de mis actos y de mis pensamientos, pero el mensaje era más fuerte. El miedo no se había ido, pero la fortaleza de saber que no iba solo en el auto y que no era yo el que insistía - Dios siempre estuvo a tu lado - fue más potente.

Dios siempre estuvo a tu lado- es un mensaje que retumbó en mi mente, hizo saltar a mi corazón, arrancó lágrimas de alegría y certeza de mis ojos, y me transmitió insistentemente algo que no nos damos cuenta que existe.


Pasé el montón de autos que trancaban el camino. Llegué a casa, abrí la puerta y con una sonrisa esperada de mi hijo menor supe que Dios siempre estuvo a mi lado.

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