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miércoles, 21 de agosto de 2013

VICTORIA, EL CINE

VICTORIA, EL CINE
Historias de ciudad


El cine Victoria quedaba en la calle Sucre, cerca del mercadito nuevo. Era tan antiguo como las mismas escenas de amor y de dolor que proyectaban cada noche, cada tarde, cada madrugada.

El cine se convirtió en un lugar de culto, era apto solo para personas con barba y bigote, o con la edad suficiente como para aguantar ver desnudos provistos de miembros agrandados por la situación. Si, el cine Victoria, era un pornográfico en pleno centro de la ciudad.

Los amantes, que querían dilatar sus sensaciones en una sesión amatoria dentro de una sala de cine, dedicaban parte de su jornal, a amarse en la taquilla  mas obscena de la ciudad. A nosotros nunca nos dejaron ir, pero tampoco teníamos miedo de acercarnos a la puerta, a espiar a los perversos, a los insospechados cinéfilos que degustaban de las escenas eróticas en eso tiempos.

1980, en plena dictadura proyectaban calígula sin el más mínimo pudor que el de cobrar cinco pesos la entrada. Yo sabía bien, que el boletero era un tipo sensato y amable, sobre todo cuando uno le pasaba unos quinto demás por debajo de la manga de la camisa. fue así, cuando una tarde, porque de noche no podíamos, nos acercamos a él.

Tenía el olor a cigarro casino, los dientes pastosos de tanto caramelo de menta, y los ojos templados y cansados de tantas noches en vela. Estiró la mano e hizo caso omiso a nuestros carné de identidad que quisimos mostrar, solo le interesaba la plata, la plata demás.

El sitio estaba completamente oscuro, quedamos por un momento ciegos hasta que nuestros ojos se adaptaron al lugar, donde la única fuente de luz era la pantalla del cine, casi a gachas, caminamos hasta la parte central del cine. Eramos cuatro valientes que nos animábamos a semejante desafío, entrar al cine porno de la ciudad, siendo menores de edad. La curiosidad nos mataba, nos obligaba, nos decía que teníamos que entrar, que teníamos que conocer que era lo que pasaba detrás de esa boletería, de esa entrada.

Al poco tiempo de haber encontrado nuestros asientos numerados, nos hundimos en la taquilla, y la primera escena que corrió, era la de una mujer desnuda, tenía el vientre redondo, los senos ovalados, la piel blanca como una vela; el actor estaba sentado  a una orilla de la cama, con cara de inmaculado, esperando a su presa vestido, se lanzó al ataque; las siguientes escenas, eran la repetición durante más de sesenta minutos de una penetración actuada y cansadora, el audio se llevaba la mayor parte de mi capacidad auditiva, los gemidos de ella, los "yes, yes, yes" repetidos.

Cuando terminó la película, y las letras del reparto comenzaban a salir en scroll vertical, las luces se prendieron a mansalva. De pronto todos nos encontramos desnudos ante las miradas de los demás. Estaba Don Joaquín, el de la venta El Tunari, Francisco el panadero, Guido y su compañero de ajedrez, Petete y su hermano mayor. Sorprendidos todos, nos miramos y  salimos disparados por la desvergüenza de sabernos descubiertos.

Camino a casa, descubrimos, que en realidad los niños de once años, no deberían hacerse pasar por adultos contemporáneos, que la idea de ver copular a dos actores pagados, no nos quitó la curiosidad de saber que era lo que pasaban dentro del Cine Victoria; más al contrario, nos avivó las ganas de usar nuestro impoluto sexo, para bien o para mal. Una deformación de los sentidos esclavizadora, maldita la gringa que estaba en la cama desnuda, con la piel blancona, y los gestos  fatigados.

Camino a la casa, como siempre era costumbre, tocábamos los timbres de todas las casas posibles, una tras otras, corríamos como locos por las calles, a ninguno de los cuatro que estábamos allí esa tarde noche, se nos ocurrió volver a la sala del cine, ni para ver la cartelera, preferíamos los juegos de niños, las patadas desprevenidas por jugar "mañana, tarde y noche", un juego por demás violento que nos mantenía atento a las buenas y a las malas amistades.

Pocos años después, de que entendimos mejor la situación, sobre el sexo y las maniobras de los cineastas para elaborar sus películas de amor; descubrimos  el por qué del nombre: "Emmanuelle" no era el cantante que estaba de moda en ese tiempo, sino una película erótica francesa; que las escenas estaban cortadas y repetidas; que la mujer de los senos ovalados se llamaba Sylvia Kristel y que se volvió una leyenda del cine erótico; que los asientos estaban mojados pero no era de sudor, que los vecinos que nos encontramos esa noche, no nos volvieron a hablar jamás.


6 comentarios:

  1. Siguen existiendo en santa cruz cines porno en la actualidad?

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  2. de los que me acuerdo eran el cine Metro y el cine Victoria. Desaparecieron. Solo quedan algunos clandestinos por el parque El Arenal, seguro muchos más por la villa o el plan 3000.

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    1. Yo se que hay en equipetrol, en la san martin y gratis.

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    2. En la San Martín y Equipetrol gratis! esa si que no la sabía.

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  3. Y en La Paz existen aun?

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