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jueves, 29 de agosto de 2013

CRONICA INTROSPECTIVA: El escritorio de Barthez

CRONICA INTROSPECTIVA
El escritorio de Barthez

@750palabras

El escritorio como medio de transición al subconsciente

Ese rincón del mundo que se llama escritorio, donde colocamos cada uno de nuestras necesidades cotidianas de ejecutivo, administrador, portador de transacciones, etcéteras y etcéteras... es el lenguaje omnímodo de las cosas pendientes, hechas y mal hechas. Es el recordatorio de las cosas que estamos haciendo y de las que faltan por hacer.

En lo apretado del plano subjetivo, Barthez, encuentra la foto de su hijo, estampada en un trabajo escolar, donde dice “Te amo Papá”, es un ordenador de lapiceras y cosas comunes, es el regalo por el día del padre, es la ilusión de un niño de encontrar en un detalle pensado por la profesora.

Las llaves del auto, de la puerta principal de la casa, de la casa en la que solía vivir y ya no vive. Hay una cámara fotográfica y una de ficción. Billetera, la funda del celular. Facturas pagadas, pañuelos, y una reportera marca Sony que nunca ha utilizado. Marcadores y clips. Recibos de tipo de cambio del banco.

Una taza de café, sorpresivamente dos perforadores, uno de color negro y otro de color verde. Auriculares de estudio, más facturas, un “UHU stic” para colar los papelitos de ayuda memoria en la pizarra acrílica. Y el teclado con su monitor mirando pendiente lo que escribe. No dice nada, inmutado, sacrificado, le salen ojos de pixeles y no dice nada.

El resto se encuentra en orden, el polvo que se acumula todos los días, los papeles del banco retirados con prisa para que nadie vea los números rojos.

El trámite del escritorio es simbólico, es el lugar donde se encuentran la silla giratoria con los cajones archiveros, es el cargo inmediato, es el rol del administrador que no se quiere asumir como tal.

Los administradores son tipos fríos, que no tienen sangre en la cara y que cuando ven los números que no le cuadran, le genera dolor de cabeza e irritaciones malhumorantes. Barthez es uno de ellos.

Es el trabajo de un malabarista que juega con el destino tratando de torcerle el brazo para que lo favorezca.

Lo que falta en el escritorio de Barthez es el teléfono fijo, que por alguna extraña razón nunca existió. Debe ser por la falta de capacidad de comunicarse dirán algunos, tipo bueno pero atrasado en sus deberes de relaciones públicas.

Introvertido, desanimado, desasosegado, es un arraigado al cargo, emergido de las aulas de las universidades que petrifican el alma y el espíritu del ser humano. Cargado de nebulosas, “estupidizado”, cargado de penas y llantos, esperando el final del día para comenzar a vivir, entramado en unas vacaciones que no puede acceder, mirando fotos de otros en playas lejanas, copernicano, casi bipolar,  que no sabe  aplicar la ley de Murphy, porque perdió el buen humor; vive desesperado y casi agobiado, los trámites le han quitado dos cuartos de respiración, anda acongojado, le duele la espalda, tiene gases y orina cada hora y media.

Lo peor de todo del administrador, es que no tiene secretaria, ha intentado tener pero las faldas lo seducen y siempre cae en la tentación de olvidarse de que el cargo solo es para las funciones de la empresa y no para conquistar amores repentinos con mujeres que se sientan a escribir el dictado y  rol de llamadas.  Convencido de que tal aspecto no lo deja concentrarse prefiere tener charlas aleatorias con todo el personal y salir a pagar cuentas y a cobrar cheques atrasados.

El administrador tiene por ventaja su posición, que es como una contradicción porque él piensa que es una obligación hacer lo que hace. Correr al banco a pedir préstamos, salir a la calle a buscar clientes, agendar pagos de impuestos y trámites ante el ministerio del trabajo. Sacar licencias de funcionamiento y nuevos trámites de las administradoras de pensiones. Es un mundo enrevesado para un solo hombre que solo quería hacer empresa. Pero que tiene la firme convicción de no volver a pisar una empresa más como empleado.

El administrador cuenta con la salvaguarda de que todo puede salir bien y victorioso cuando pasen los días y lo encuentren solvente y bien parado. Pero eso pasa por ser una película de ficción cuando se imagina que abrir un negocio es tan difícil como cerrarlo.


Pero hay un escritorio más que falta por explorar de Barthez, el de la pc, la laptop, el ipad, el celular, y el de la agenda. El misterio de las personas que hacen de su rutina un trámite de colas y calvarios, es destramado, allí, con perfil casi exacto de su personalidad, es su escritorio. 

1 comentario:

  1. Borges hace una descripción somera de lo que había en su escritorio, como un ejercicio literario.

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