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sábado, 29 de junio de 2013

El determinismo y el escritor

Escribir sobre el determinismo es como buscar la punta del ovillo en una madeja de hilo de mil colores. Es pensar que ya todo está escrito. Es creer que lo que ocurrió estaba planificado de tal manera que nada más podía haber ocurrido que aquella acción. “Yo sabía que iba a pasar algo así”, “los sospeche desde un principio”, “obvio”, era el determinismo casero el que hablaba por ellos, por esas personas que buscan que las cosas pasen como dice el destino. El destino es ese camino por el cual caminan las personas ciegas y confiadas de que ese es trecho por el cual deben caminar el resto de su vida. Es su destino, el lugar donde siempre pensaron que iban a llegar, puede ser bueno o malo. La gente vive en el determinismo por la creación de las palabras bíblicas que dicen que las cosas tienen que pasar como manda la ley católica, apostólica, romana, cristiana, etc. El determinismo es pensar que nada puede ser cambiado y que la vida es un mero trámite para pasar a mejor situación o peor. Cuando los símbolos de las palabras buscan que el determinismo haga efecto, usan el miedo, palabras poderosas de temor, para afianzar el camino, el destino de las personas, hacia el lugar donde el determinismo universal ha decidido que vaya. El cielo, el infierno, la muerte, la vida, todos esos son destinos y nadie los puede cambiar. El determinismo se fundó para que la gente no piense, o para que no deje de pensar en el asunto. No hay matemáticas que valgan, ni estudios científicos válidos para definir que el determinismo es aquello en lo que confíes que pase sin ni siquiera saberlo.

El determinismo tiene que ver mucho con el escritor porque en su caso, como creador de personajes, se convierte en el determinismo puro. Es el que gobierna en ese mundo lleno de vicisitudes. Es el que define cuando nacen y cuando mueren los personajes. El, como creador define que va a pasar en cada página. Es un escritor que sabe el destino de los personajes y por más que hagan lo que hagan los hombres y mujeres que residen en sus cuentos, historias, novelas, ellos están sujetos a lo que diga el autor. En su totalidad, el escritor es un totalitario, no hay objeciones que valgan porque él es dueño de la palabra, y, solo él la da.

El determinismo en la vida del hombre, es la mano de un dios que le ha dado un camino absoluto, lleno de piedras, lleno de árboles con frutas, (Los árboles del paraíso son dos árboles que aparecen en el Antiguo Testamento en la historia del Jardín del Edén. Uno de ellos es conocido como el "Árbol del Conocimiento del Bien y el Mal" (simplificado como Árbol del Conocimiento), lleno de gente. Cuando el hombre quiere cambiar su historia y también de camino, no encuentra atajo, ni puentes que lo lleven a otro lado que no sea el predestinado. Por eso el destino tiene mala fama de ser dictador. El escritor utiliza todos estos recursos, pero incluso se da el lujo, de generar paradojas, el crea otros caminos, deja que el individuo crea que puede hacer lo que le de la gana. Que puede manejar su destino y cambiar de caminos el rato que quiera. Es una paradoja que abre agujeros negros dentro del universo del escritor, donde la vida se convierte en algo más real que la vida misma. Cuando el escritor crea estas paradojas, casi siempre genera un conflicto que alimente su creación, su historia. El forma parte de ella, y, quiere hacerlo así para que de esa manera, pueda engañar al determinismo y fugarse de su propia historia mediante la historia de otros personajes creado por él. Cuando el escritor crea estos huecos negros, abismales en el mundo suceden muchas cosas, la fe se rompe en mil pedazos, las libertades comienzan a configurarse de diferente manera, se crea espíritus críticos, opositores al régimen, generaciones de creyentes del determinismo salen a las calles a protestar por el ensaño de creador, y, de dictador. No soportan más los grilletes del determinismo.

El escritor está hecho de carne y sangre, sus personajes de pensamiento y sentimientos, los dos sufren, uno por no tener lo que tiene el otro. Todos definen este acto de querer lo que el otro tiene, sin saber que también lo contiene, lo ha llevado a salir a buscar las verdades que supuestamente viven ocultas y que pocos son los privilegiados que la encontrarán. El conocimiento del futuro, el conocimiento sobre los secretos de la vida, el escritor se inspira en estos antagonismos para crear y crearse. Solo él sabe que lo que define como historia, destino de sus personajes, lo llevaran al lugar donde se esconde la verdad de las cosas.


Entre las prerrogativas que tiene el escritor es el de crear sus propios mundos. Sus propios dioses y sus propias reglas. Para que el viva en esos lugares experimentando como sería vivir allí. La creación lo inspira y hace más que cualquier otro ser humano. Recrea la vida desde su inspiración, desde su sentir, vive como nadie más ha vivido, es hombre, es mujer, se convierte en niño, en animal, en universo, piensa por él y piensa por todos. Nunca deja de crear y se fija en todos los detalles, desde la puerta y la ventana de la casa donde habita su personaje, hasta los pensamientos que le adornan la cabeza. Es un psicópata, es un parroquiano, es un loco, es un desviado de la vida para seguir creando. Cuando el escritor crea el prospecto de sus personajes se adivina entre ellos, tiene relaciones incestuosas, porque él se convierte en padre y madre.

Cuando el hombre se descubre dentro de su propia obra, y se descubre porque se logró engañar y entró a la historia como un personaje cualquiera; decidió meterse incógnito para que no lo reconozca su propia mano y lo borre intolerablemente, porque puede causar daño a su obra. Cuando el hombre se encuentra en su propia obra, trata de liquidarlo dándole una muerte digna de pontífice, de patriarca o de asesino. El escritor, trata de mantenerse al tanto de todo y a un lado del resto, pero no puede con su genio porque tiene que volver loco al lector, que es su primera víctima, tanto así que logra meterlo en la historia, identificarlo con algún personaje y de ahí no dejarlo salir nunca más, porque al igual que la tecnología de punta puede entrar a su cerebro, enquistarse en una idea de que todo lo que leyó era asombrosamente espectacular, puede lograr que sus personajes no se mueran nunca. Cuánto tiempo puede vivir un hombre después de muerto. Mucho tiempo, mediante la escritura, el escritor busca la inmortalidad. Pocos saben que el determinismo se trata de eso, que es tratar de hacer que las cosas pasen de una manera predeterminada, que nada sea cambiado, que todo siga su curso, que el mundo de vueltas y el recuerdo de lo que hemos hecho perdure por toda la eternidad.

Cuando el determinismo busca la eternidad entre una de sus metas, está buscando que sea algo posible, lo imposible. El tiempo en que escribo estas palabras, estos textos, siento la presencia de un par de personajes que están detrás de mi hombro, mirando cada una de las palabras que escribo,  observando si lo que escribo está entre las expectativas de ellos.

El hombre que tiene el sombrero blanco y una especie de poncho y el otro que por su posición, solo se ve la sombra de su figura, parados atrás mío, forman parte de la esquizofrenia del escritor, que cree que el mundo está pendiente de él, y de lo que pueda hacer.

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