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jueves, 21 de octubre de 2010

EL EFECTO FENIX TELEVISIVO: SACANDO DEL FONDO HEROES DE PAPEL PRENSA


Después de todo el efecto mediático que tuvo el rescate de los 33 mineros chilenos, el tsunami de información detallando cada momento de su "estadía" en las profundidades de la mina San José, destaco algo que merece un estudio minucioso. La oportunidad de un presidente de convertir una tragedia en la esperanza de toda una nación. EL efecto mundial que tuvo un hecho que seguro pasa en muchas minas en todo el mundo como hemos visto luego del rescate: mineros que mueren en ecuador, en Bolivia, y en otras partes del mundo. Sin duda que no tienen las mismas característica de lo sucedido en chile pero si son de la misma importancia ya que se trata del rescate de personas que trabajan bajo el mismo riesgo. Comparaciones con el programa de televisión Gran Hermano. Las biografías no autorizadas de los personajes de la desesperante situación. La visibilización de un problema recurrente en este tipo de trabajo y el salto a la fama de 33 personas que lo último que se les pasó por la cabeza es que iban a ser noticia mundial. Un presidente aprovechando cada segundo de exposición mediática sosteniendo el mensaje: “ESTAMOS BIEN EN EL REFUGIO LOS 33” el rostro chileno reflejado en la cara de alegría del mandatario chileno Sebastián Piñera. El orgullo de saber sobreponerse a las adversidades. Sacaron a los mineros y fue como si hubieran sacado diamantes y oro. Los lentes de las cámaras hacían foco en cada movimiento y gesto de los concursantes del destino tal como en un programa de tv. Parecía la final de fútbol donde cada vez que volvía el Fénix con un minero era como meter un gol. La noción del tiempo y del espacio se perdió y la emoción se desbordó hasta hacer derramar lágrimas a miles de televidentes que desde su casa acompañaban el millonario rescate. Efectos de este tipo se han logrado con tanta eficiencia mediática como aquella vez que CNN mostró cuando se iluminaba el cielo de Bagdad al ser bombardeada, o cuando el 11 de septiembre de 2001 el atentado de las torres gemelas conmocionaba a todo el planeta. La final de fútbol en Sudáfrica y las millones de personas festejando la fiesta del gol.

Nuestra pequeña inmediatez también surtió efecto en las pequeñas pantallas de los televisores de la gente en Santa Cruz cuando daban como noticia importante y positiva el caso del policía que no aceptó ser coimeado. La impronta actitud de un cabo que patrullaba la ciudad y que detuvo a una movilidad “lujosa” por tener vidrios negros. La observación del policía hizo parar al vehículo que tras un mal comportamiento del supuesto infractor que se rehusó a contestar a la autoridad lo detuvo y para simplificarse las cosas el conductor prefirió hacer lo que se tiene por sobreentendido en una sociedad coimera, darle unos cuantos “pesitos” al molesto policía. Algo incorrectamente aceptado en nuestro imaginario colectivo. Pero lo que raya en lo absurdo y que se vuelve moneda corriente en nuestra televisión y todo medio de expresión es la frivolización de las cosas y la recompensa por actos comunes y corrientes que nadie se debería admirar por ser hechas de manera correcta. Es decir: premiamos a un simple policía que no se deja coimear, algo que nunca debe pasar o en el caso del policía, aceptar. O sobrecogerse, conformarse, por que al menos hay un efectivo policial que no se deja sobornar aceptando de manera tácita que toda una institución está plagada de malos policías que son corruptos, asesinos y que nutren la estructura orgánica de una de las fuerzas del orden de EL ESTADO PLURINACIONAL DE BOLIVIA. Déjense de joder con querer hacer toda una película emotiva cuando todos sabemos que más da para hacer una de ficción. Querer utilizar un medio de comunicación para ensalzar la actitud de un policía por no dejarse sobornar para ponerlo como ejemplo ante la sociedad. La manipulación de los egos mediáticos de oficiales de la policía y ministros, de productores y presentadores de televisión y toda una audiencia esperando noticias basadas en la realidad. El mini gran hermano. El Policía saliendo del fénix mediático, saliendo del anonimato para convertirlo en héroe, saliendo de su rutina de más de 12 años de servicio a la verde olivo para por lo menos ganarse un ascenso o una condecoración por no haber recibido una coima. ¿Y que dirá la plaqueta? Por su valiente decisión de no aceptar una coima que le significa casi la mitad de su sueldo y haber denunciado ante sus superiores y las cámaras de televisión un acto que no debe de extrañarnos. Por no dejarse tentar por el ciudadano coimeador le damos está condecoración.

Al final de cuentas todo parece un show. Una puesta en escena para satisfacer audiencias o crear públicos adictos a situaciones morbosas, frívolas que pueden ser aprovechadas en los terrenos áridos de la mina de San José en Copiapó, chile o en las calles llenas de tierra y humo de santa cruz de la sierra. Creando héroes que nos entretengan un rato como tal película de ficción o comics.

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